Del estudio surge la importancia de enaltecer y dignificar la labor de la técnico de párvulos en la sociedad, para lo cual es necesario visibilizar sus responsabilidades, comprender el objetivo pedagógico detrás de ellas y mejorar sus condiciones laborales.

El estudio  “Análisis de los roles y responsabilidades de las técnicos en educación parvularia en el nivel Sala Cuna: Contribución a su formación inicial”, apoyado financieramente por la Convocatoria de Investigación en Educación del Consejo Nacional de Educación, y liderado por los investigadores, María Jesús Viviani y Juan Pablo Rodríguez, tenía como objetivo explorar, a través de entrevistas con sus protagonistas y revisiones bibliográficas, los roles y responsabilidades que cumplen y deben cumplir los técnicos que se desempeñan en el nivel de sala cuna en Chile, y contrastar estos resultados con un análisis de los planes de estudio y bases curriculares para la formación técnica en educación parvularia. Se encontraron tanto convergencias como discrepancias entre las responsabilidades declaradas y los documentos analizados, que permitieron generar algunas recomendaciones para su formación inicial y políticas en el nivel.

Hoy se reconoce que educar niños en nivel de sala cuna (0 a 2 años) es una tarea altamente compleja, que requiere de formación especializada de los adultos a cargo para impactar positivamente en su desarrollo (UNESCO, 2016). Sin embargo, las propuestas ofrecidas en la mayor parte del mundo se enfocan en la satisfacción de necesidades básicas de higiene, nutrición y sueño, relegando a un lugar de poca importancia las oportunidades de aprendizaje y desarrollo integral.

En Chile, de acuerdo con el informe Education at a Glance (OECD, 2018), existe un alto número de niños y niñas por educador en el nivel de educación parvularia, casi el doble del promedio de los países de la OECD. No obstante, las asistentes de la educación juegan un papel importante, supliendo la carencia de educadores. Así, la proporción de niños y niñas por adulto en sala (tanto educadores como técnicos) queda en diez en promedio, lo mismo que el de la OECD. Esto refleja que en Chile se ha decidido por una estrategia de alta cantidad de técnicos y una baja cantidad de educadores (Centro de Estudios Mineduc, 2018), especialmente en el nivel de sala cuna, en el cual se exige una educador de párvulos cada 42 niños y niñas (distribuidos en dos grupos), y una técnico de educación parvularia por cada siete infantes, lo que implica que, teóricamente, cada grupo de 20 a 21 niños y niñas está a cargo de tres técnicos y de una educadora, que reparte sus funciones en dos salas (Decreto 315, actualizado en 2018).

Por otro lado, existe escasa información sobre la formación profesional de las técnicos en educación parvularia en Chile, así como limitada consideración de su rol a nivel ministerial e investigativo. Esto representa un problema importante para el desarrollo de políticas públicas orientadas a mejorar las prácticas pedagógicas de las docentes de primera infancia y contribuye, según Fritis (2016), a que su rol sea invisibilizado y poco valorado socialmente.

Este estudio fue de carácter exploratorio-descriptivo, en tanto las responsabilidades y roles técnico-profesionales en educación parvularia han sido escasamente investigadas en Chile; por lo que se buscó  caracterizar un fenómeno, así como elementos del contexto que intervienen, y generar explicaciones para futuras investigaciones.

En cuanto a los resultados de esta investigación,  los documentos oficiales, respecto de los roles y responsabilidades que debiera cumplir la técnico en educación parvularia, evidencian que las distintas instituciones que imparten educación parvularia en Chile tienen definiciones heterogéneas respecto del rol de la técnico en educación parvularia. Estas varían desde un rol asistencial de colaboración y apoyo a la educadora, hasta un rol más protagónico. Es importante mencionar que ninguno de los documentos analizados distingue entre técnicos que se desempeñan en sala cuna y técnicos que trabajan en otros niveles.

Respecto a la enseñanza que reciben las técnicos en educación parvularia, en Chile la especialidad de Atención de Párvulos se imparte en 168 de un total de 945 liceos técnicos, distribuidos a lo largo del país. Los programas de estudio para la especialidad de Atención de Párvulos incluyen un perfil de egreso general de la formación TP, objetivos de aprendizaje de la especialidad, más un plan de estudios dividido en 10 módulos, uno de ellos común a todas las especialidades.

Asimismo, existen 284 ofertas de carreras para estudiar técnico en educación de párvulos  de nivel superior en Chile. Éstas se encuentran repartidas a lo largo del país, en un total de 46 instituciones que imparten la carrera en diferentes sedes y modalidades. Si se analiza la matrícula de alumnos en 2019, encontramos que un 53% de los alumnos está matriculado en un IP, 39% en un CFT y un 8% en una universidad. Al observar el número de matriculados por institución, vemos que algunas pocas instituciones concentran a la mayor cantidad de alumnos. La mayoría de los matriculados en 2019 son mujeres de 20 a 24 años, que provienen de colegios municipales o particulares subvencionados de la enseñanza científico humanista. La mayor brecha en su caracterización se produce en términos de género. En 2019, solo 35 matriculados son de género masculino, representando un 0,12 % del total.

En entrevistas a técnicos de párvulos, las responsabilidades reportadas fueron organizads en cuatro categorías. La primera categoría corresponde a aquellas responsabilidades para con los niños y niñas en interacción directa con ellos y ellas; la segunda, a las responsabilidades tanto pedagógicas como administrativas dentro del aula, que normalmente se realizan en colaboración con la educadora; la tercera, a las responsabilidades con las familias de niños y niñas, y la cuarta a otras responsabilidades.  Dentro de los resultados, es preocupante la naturalización, por parte de algunas de las entrevistadas, respecto de su rol de “madre sustituta”, ya que no distingue las interacciones naturales que podría tener una madre con su hijo de las responsabilidades pedagógicas, basadas en estudios, que tiene la técnico en educación parvularia. Como plantea Moss (2006), esta imagen, además de poseer un claro sesgo de género, asume que prácticamente no se requiere educación para llevar a cabo este trabajo. Según esta visión, la labor de técnico requeriría cualidades y competencias que son innatas a las mujeres por su “instinto maternal”, o adquiridas a través de la práctica del trabajo doméstico. Probablemente, son estas las creencias que mantienen a los hombres alejados de escoger esta carrera para su futuro, generando la brecha de género observada en los matriculados de 2019.

De acuerdo con el análisis y discusión de los resultados obtenidos en esta investigación, se propone a continuación una serie de recomendaciones u orientaciones tanto para la formación inicial de técnicos en educación parvularia, como para abordar políticas relacionadas con el nivel de sala cuna y su fuerza laboral.

Relevar el rol afectivo y emocional que juegan las técnicos con niños y niñas, especialmente en el nivel de sala cuna. Incluir con mayor énfasis este aspecto en la formación inicial, mediante módulos o cursos que aborden las teorías de apego, la importancia de las interacciones cercanas con los infantes y estrategias específicas para generar vínculos duraderos y positivos.

Incluir más cursos o módulos que aborden el tema de relación y comunicación con las familias de niños y niñas en la formación de las técnicos. Específicamente, incluir contenidos como comunicación efectiva con adultos, estrategias para involucrar a las familias, protocolos en el caso de problemas específicos con los apoderados, contención psicológica de adultos y protocolos de derivación a instituciones de apoyo en el caso de enfrentar situaciones más complejas.

En los documentos oficiales, como las Bases Curriculares de la Educación Parvularia, incluir el rol de la técnico como un componente fundamental para el desarrollo y aprendizaje de niños y niñas, y definirlo como un rol en sí mismo, no en relación a la educadora de párvulos. Identificar responsabilidades específicas de estas profesionales y, de esta manera, relevar su importante labor.

Es necesario que la formación en servicio de las técnicos de educación parvularia adquiera mayor importancia para las instituciones proveedoras. Esto significa detectar oportunamente las necesidades de formación y encargarse de éstas a tiempo. Constantemente están surgiendo temas claves para el buen desempeño de las técnicos (como la creciente cantidad de niños de familias inmigrantes, que no hablan español), que requieren ser abordados con capacitaciones o diálogos profesionales pertinentes.

Finalmente, surge de este estudio la importancia de enaltecer y dignificar la labor de la técnico de párvulos en la sociedad. Para ello es necesario visibilizar sus responsabilidades, comprender el objetivo pedagógico detrás de ellas y mejorar sus condiciones laborales.

Revisa el estudio en Revista  Calidad en la Educación.

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