El estudio muestra que a pesar de escoger estas carreras, persisten en las estudiantes dudas relacionadas con estereotipos de género y aspectos socioemocionales. Por otro lado, una autoeficacia y expectativas de resultado positivas, apoyos familiares y redes estudiantiles de mujeres actúan como importantes impulsores.

El estudio “Mujeres que eligen ciencias: Autoeficacia, expectativas de resultado, barreras y apoyos percibidos para la elección de Carrera Universitaria” fue realizado  por las investigadoras Evelyn Carrasco y Daniela Valenzuela de la Universidad  San Sebastián, en el marco de la Convocatoria de Apoyo a la Investigación en Educación del Consejo Nacional de Educación.

Esta investigación tenía como objetivo conocer, desde un enfoque exploratorio-descriptivo, las características de la autoeficacia, expectativas de resultado, barreras y apoyos percibidos por mujeres que han ingresado a primer año de carreras de pregrado de ciencias y tecnología (STEM) en universidades de la Región Metropolitana de Chile. Mediante entrevistas semiestructuradas y análisis cualitativo de contenido, basado en la teoría sociocognitiva de desarrollo de carrera, fue posible identificar tres factores asociados a la elección de carrera: personales, de agencia y contextuales, que actúan promoviendo o frenando el proceso. A pesar de escoger estas carreras, persisten, en las estudiantes, dudas relacionadas con estereotipos de género y aspectos socioemocionales, como ansiedad y baja tolerancia a la frustración. Sin embargo, una autoeficacia y expectativas de resultado positivas, apoyos familiares y redes estudiantiles de mujeres actúan como importantes impulsores.

La tendencia internacional de matrícula de mujeres en educación superior (ES) se ha mantenido al alza, superando en 11 puntos porcentuales la tasa de ingreso de los hombres. Sin embargo, mientras en 2015 un 27% de estudiantes de nuevo ingreso eligió un campo de estudio en las áreas de Ciencia, Tecnología, Ingeniería o Matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés), solo una media de 24% fueron mujeres, según lo señalado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE (2017). Estas cifras se asemejan bastante a la realidad chilena ya que, en los últimos 14 años, una media de 25% ha elegido carreras STEM, pero solo una cuarta parte corresponde a estudiantes de sexo femenino (Servicio de Información de Educación Superior [SIES], 2020a); el informe SIES de brechas de género 2019 señala que, en carreras de Tecnología, la matrícula muestra una brecha de 65,6 puntos en perjuicio de las mujeres, que tienen mayor participación en áreas tales como Educación, Salud y Ciencias Sociales (2020b).

Evaluaciones en el marco del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA por sus siglas en inglés), respecto a las expectativas de elección de carrera de niños y niñas de 15 años, se aprecia que, aunque las mujeres tienden a ser más ambiciosas respecto del cargo laboral, ya a esa edad se produce una segregación horizontal en la elección de carrera. En ningún país participante hubo más chicas que chicos interesados en Ingeniería e Informática, y menos del 5% de las niñas aspiraba a trabajar en estas áreas en su adultez, en comparación con el 18% de los niños.

¿Por qué las mujeres eligen en menor medida carreras de estas áreas? Ya en 1981 Hackett y Betz propusieron que las mujeres diferían de los hombres en cuanto a su conducta vocacional porque, producto de la socialización, ven más limitadas sus oportunidades de realizar ciertas actividades y desarrollan menor autoeficacia en estas áreas. De este modo, se reducen sus opciones de carrera a roles y ocupaciones tradicionalmente femeninos. Además, perciben una serie de barreras, tales como la dificultad de compatibilizar la profesión con la maternidad, la tendencia a ser subestimadas e incluso discriminadas (Mohazem, Ghanem, Hamieh & Shoujaa, 2019).

Esta distribución desigual de hombres y mujeres en las áreas de estudio y ocupación tiene importantes consecuencias psicológicas, económicas y sociales. Desde el punto de vista psicológico se constriñen las posibilidades académicas para elegir (Rodríguez, Peña e Inda, 2012). Desde el punto de vista económico y productivo, surge el problema de la pérdida de talentos en áreas clave para el desarrollo de los países, tales como la Ingeniería y la Computación (Sikora & Pokropek, 2011). Una fuerza de trabajo inclusiva y diversa en términos de historia, cultura e intereses puede ser más innovadora y productiva (Castillo, Grazzi & Tacsir, 2014). Finalmente, desde el punto de vista social, la menor presencia de mujeres en estas áreas representa un serio problema de justicia y equidad, ya que es importante que la mujer no solo se beneficie de las nuevas tecnologías de información y comunicación, sino que tenga las mismas oportunidades que el hombre de participar de su diseño, supervisión y evaluación, y, en consecuencia, de formar parte activa del desarrollo tecnológico e industrial (Organización de Naciones Unidas [ONU], 1995).

En esta investigación se exploraron las características de la autoeficacia, expectativas de resultado, barreras y apoyos percibidos durante la elección de carrera, por parte de estudiantes universitarias de primer año que cursan carreras STEM en universidades adscritas al Sistema Único de Admisión (SUA) en la Región Metropolitana de Chile. Si bien este estudio se enfoca en factores de agencia y contextuales, los relatos permiten también obtener información acerca de factores personales, que son señalados por la SCCT como relevantes en la elección de carrera (Lent, Brown & Hackett, 2002); dentro de esta categoría emergen las predisposiciones y el género como las más importantes. En cuanto a las predisposiciones, aparecen una serie de características autoasignadas que impulsan o dificultan la elección de carreras STEM y el posterior desempeño. Las positivas se relacionan con esfuerzo, disciplina y perseverancia, todas asociadas a aspectos comportamentales controlables por la persona, mientras que las negativas son de carácter socioafectivo, asociadas al miedo tanto a fracasar en sus estudios como a confiar y relacionarse con otros. Esto se relaciona con estudios que evidencian que las mujeres, dada su socialización, tienden a ver mermado su rendimiento en situaciones de presión y competencia (Niederle & Vesterlund, 2010). Estos aspectos parecen ser percibidos por las participantes como menos controlables.

Estas autopercepciones son coherentes con hallazgos en torno al género. Las mayores diferencias entre hombres y mujeres se asocian con aspectos socioemocionales, como mayor inseguridad de la mujer, la distancia afectiva del hombre e intereses vocacionales diferenciados.

En resumen, en los factores personales se expresa la interiorización de características que serían propias de hombres y mujeres, y que resultan de los procesos de socialización familiar y escolar, pero que terminan siendo naturalizados (Broadley, 2015). Sin embargo, un hallazgo relevante en esta investigación es que las participantes también pueden negar ciertas diferencias que provienen de dicha socialización, especialmente en cuanto a capacidades STEM y expectativas. En la base de estas negaciones se percibe un cuestionamiento más o menos explícito de algunos estereotipos, lo que puede haber facilitado la elección de una carrera STEM. Estos factores personales reflejan la búsqueda de consistencia entre las características autopercibidas y las de la carrera; por ello es tan relevante el acceso a información clara y oportuna sobre alternativas académicas, y fortalecer modelos contra estereotipo, de manera de ampliar el abanico de elección para las mujeres.

En cuanto a los factores de agencia, resaltan contenidos que dan cuenta de los cuatro constructos planteados por la SCCT: autoeficacia, expectativas de resultado, intereses y metas, estos últimos no incluidos en el foco de este estudio, pero que emergieron como relevantes. Respecto de la autoeficacia, es llamativo el rol que tienen las experiencias de éxito escolares y universitarias en la consolidación de una autoeficacia positiva frente al dominio STEM. A pesar de que las participantes lleguen a estas carreras con inseguridad, esta puede ser superada en gran parte cuando se obtienen los primeros logros académicos.

En expectativas de resultado, se aprecia una dualidad individuo-comunidad, es decir, preferencia por el beneficio personal versus contribuir al conocimiento para subsanar problemas sociales. Es interesante considerar que esta polaridad se relaciona con la manera en que se construyen los estereotipos de las carreras que, en el caso de estar masculinizadas, tienden a enfatizar más la ganancia individual que los fines colectivos. Finalmente, respecto de apoyos y barreras, resalta la importancia de los ambientes familiares, escolares y universitarios, que pueden actuar como impulsores de la elección STEM (especialmente mediante la persuasión social, de los modelos y del ofrecimiento de experiencias diversas) o como obstáculos, cuando hay que enfrentarse a culturas sexistas o a problemas de financiamiento, ambos factores de discriminación y exclusión social. Los movimientos feministas parecen ofrecer nuevas maneras de enfrentarse en red a estas trabas.

El contexto de pandemia demarca los resultados, mostrándose como un aspecto de doble faz. Por una parte, parece facilitar el proceso de transición a la universidad, ya que reduce la presión social y hasta cierto punto iguala oportunidades entre hombres y mujeres, al impedir interactuar en presencialidad; pero ha instalado dudas acerca de haber elegido correctamente la carrera (ante la experiencia de primeras clases complejas a distancia), la calidad de la formación recibida y sobre cómo variará la experiencia una vez que regresen a clases.

A partir de los resultados, se abren alternativas para el desarrollo de nuevas investigaciones de carácter cuantitativo, que permitan realizar generalizaciones respecto de los factores encontrados en este estudio. También podrían plantearse nuevas investigaciones cualitativas que realicen un seguimiento de estudiantes mujeres en carreras STEM, para evaluar cómo sus experiencias y percepciones se ven conservadas o modificadas una vez que finalice la pandemia, o bien si existen diferencias respecto de estudiantes más avanzadas de la carrera, con las que los espacios de socialización, altamente masculinizados, podrían incidir en la percepción de igualdad o disparidad. Por otra parte, podrían plantearse también estudios cuantitativos y/o cualitativos chilenos para verificar si existen diferencias entre hombres y mujeres frente a la misma elección de carrera, tal como ocurre en la literatura internacional.

 

Revisa el artículo completo en Revista Calidad en la Educación N°54 2021

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