Los resultados del estudio, apoyado financieramente por la Convocatoria de Investigación CNED, sugieren una transición cultural en la que se estrecha la relación de las estudiantes con lo sociopolítico, mientras que, simultáneamente, en su formación escolar perviven rasgos del patrón cultural que identifica la política como dominio fundamentalmente masculino.

 

Frente a un escenario marcado por un aumento de la desafección política, el descenso sistemático de la credibilidad en las instituciones y la diversificación de las formas de participación, durante los últimos años la formación ciudadana en el contexto escolar ha emergido con especial interés. Sin embargo, el análisis de los procesos de socialización y formación ciudadana en el ámbito escolar chileno no ha sido hasta ahora abordado desde las diferencias por género que puedan existir en las creencias y formas de participación, así como en la educación que, en este ámbito, reciben los y las estudiantes dentro de la institución escolar.

El enfoque de género para el examen de la relación entre las mujeres y la política se ha concentrado especialmente en las brechas observadas en el mundo adulto. En Chile destaca la evidencia que muestra un aumento sostenido de la brecha de género a favor de las mujeres en las elecciones recientes. En conjunto con el auge de masivas manifestaciones feministas, tanto en Chile como en el extranjero, la relación de las mujeres con la política aparece como foco de interés, en tanto estas expresiones chocan con una sociedad en la que persisten desigualdades, sesgos y estereotipos históricamente excluyentes. Por otra parte, la educación juega un rol fundamental en las competencias para la ciudadanía, pero, si ésta se distribuye de manera desigual, puede aumentar la brecha entre quienes ya están en ventaja y los grupos desfavorecidos. La educación, por lo tanto, puede empoderar, pero también convertirse en un mecanismo de exclusión social.

La investigación “Socialización política y formación ciudadana en el contexto escolar chileno: Un análisis desde el enfoque de género”, liderada por Camila Jara, Macarena Sánchez, Cristian Cox y María Jesús Montecinos, fue apoyada financieramente por la Convocatoria de Investigación CNED y es parte de un Proyecto Fondecyt Regular financiado por ANID.

En él se analiza la escuela como espacio de socialización de actitudes y creencias políticas, pero, a diferencia de lo que se ha desarrollado hasta ahora, lo hace desde el enfoque de género. Así, haciendo uso de evidencia cuantitativa y cualitativa producida en el marco de un proyecto mayor, busca responder en qué medida existen y, de ser así, qué características tienen, las diferencias y sesgos de género en la formación política y ciudadana del estudiantado de la educación media, con foco en la asignatura de Historia, Geografía y Ciencias Sociales (HGCS). Se plantearon tres objetivos secundarios:  reconocer diferencias de género en el conocimiento y las actitudes relacionadas con el ejercicio de la ciudadanía;  explorar diferencias de género en la experiencia escolar de formación ciudadana y socialización política; e identificar sesgos de género en los discursos de los docentes de HGCS respecto de sus estudiantes, prácticas pedagógicas y contenidos en la formación ciudadana.

Haciendo uso de evidencia, tanto cuantitativa como cualitativa, los resultados sugieren una transición cultural en la que se estrecha la relación de las estudiantes con lo sociopolítico, mientras que, simultáneamente, en su formación escolar perviven rasgos del patrón cultural que identifica la política como dominio fundamentalmente masculino.

Los datos cuantitativos muestran que las estudiantes tienen mejores resultados que sus pares hombres en actitudes hacia la igualdad de género y que perciben más apertura a la discusión en el aula. Las mujeres también declaran un interés más alto que los hombres en temas políticos y sociales, y conversan con mayor frecuencia con sus pares sobre estos temas. Además, en la encuesta a docentes de HGCS, uno de cuatro profesores considera que las estudiantes se interesan y participan más que los hombres en el aprendizaje de la ciudadanía.

El análisis indica que las mujeres ocupan en mayor medida espacios formativos relacionados con la política y la ciudadanía, lo que converge con la evidencia de una progresiva brecha de género favorable a las mujeres en procesos eleccionarios desde la implementación del voto voluntario, especialmente en los segmentos más jóvenes. Asimismo, el movimiento feminista, en espacios estudiantiles y manifestaciones masivas, demuestra una mayor presencia de mujeres en la participación política informal. En este sentido, los datos sugieren una transición cultural favorable al involucramiento político de las mujeres, cuestionando que la política, la ciudadanía y la esfera pública sean dominios masculinos.

A pesar de que las estudiantes muestran ciertas ventajas, esto no se traduce en una mayor confianza en su propio conocimiento sobre política. Este hallazgo coincide con evidencia que muestra que las mujeres presentan una menor autoconfianza, autoeficacia y ambición política en la adultez. Para estas autoras, esto se vincula con los sesgos que emergen en la arena política y con prejuicios y estereotipos que marcan la educación de las mujeres en general.

Asimismo, existe un número reducido de figuras políticas femeninas que sirvan de referente para las y los estudiantes; seis de cada 10 declaran no identificarse o sentir admiración por figura política alguna y solo un 5% nombra un referente femenino. Este dato preocupa, ya que la literatura señala que la presencia de modelos políticos femeninos promueve el interés por la política y la intención de involucramiento político futuro. Si bien un contexto político con mayor presencia femenina no es un asunto directamente atribuible a la escuela, los contenidos académicos que excluyen o incluyen referentes políticos e históricos femeninos pueden contribuir a la construcción de una ciudadanía asociada a lo masculino o femenino. En este sentido, parece importante recalcar el papel que puede tener la escuela como agente de socialización activo, mediante la inclusión y promoción de referentes femeninos en los contenidos.

La ambivalencia de estos hallazgos invita a reflexionar sobre la importancia del currículo escolar, y sobre el rol de la escuela en la formación ciudadana. En el análisis cualitativo se identifica un discurso docente que porta las marcas del pasado y que tiende a definir el espacio político como masculino, con una exigua referencia a las mujeres. Más aún, la presencia de lo femenino se hace principalmente en referencia a los ámbitos privados o circunscrita a la dimensión civil o comunitaria antes que a la cívica o política de la ciudadanía. Tales sesgos podrían contribuir a una diferenciación en las formas de participación política de las jóvenes en la adultez, en las que las mujeres preferirían circunscribir su acción política a la comunidad inmediata. Por ejemplo, en Estados Unidos, mujeres universitarias consideran la caridad como la mejor manera de lograr cambios sociales, mientras que los hombre s indican que postular a cargos electivos sería el mejor modo.

En el discurso docente respecto del desempeño académico, las estudiantes son definidas como “más maduras” y “mateas”, vinculándolas a un buen desempeño académico, mientras lo masculino es asociado con la creatividad y la reflexividad. Gordon (2006a, 2006b) señala que estas etiquetas de diferenciación de género pueden repercutir en que los hombres tiendan a ser el centro de atención de las y los docentes, quienes interactúan más con los primeros, dejando a las estudiantes con mayor responsabilidad sobre su proceso educativo. Además de ser una forma de sexismo benevolente (Glick & Fiske, 1997), estas categorizaciones reflejan la valoración diferenciada que se produce en la escuela sobre la intelectualidad y el talento versus el trabajo y el estudio (Bourdieu & Passeron, 1979; Bourdieu y De Saint Martin, 1998), solo que, en este caso, la distinción se realiza en clave de género, asociando el talento a lo masculino y el esfuerzo y la disciplina escolar a lo femenino.

Sobre la base de estas conclusiones, surgen algunas reflexiones en torno a la educación ciudadana escolar en específico, y que podrían servir de complemento a los avances y estrategias para la inclusión del enfoque de género en la educación chilena en términos más generales. Curricularmente, haría una contribución importante la inclusión sistemática de figuras femeninas, históricas y contemporáneas en los contenidos de las asignaturas de HGCS y en la nueva asignatura de Educación Ciudadana. Además, se plantea un doble desafío para la docencia del área, que tanto los y las líderes de los establecimientos como las políticas orientadas al desarrollo profesional docente a nivel de sistema debieran considerar: por un lado,  es necesario hacerse cargo formativamente del mayor interés de sus estudiantes mujeres en la política, de manera de acrecentar su autoconfianza y expectativas de participación adulta; y, por otro, actuar en forma consistente por transformar el desinterés relativo de sus estudiantes hombres. Para unas y otros, la experiencia práctica de participación en instancias de representación y gobierno estudiantil son claves para el aprendizaje en la práctica de competencias políticas (representación, rendición de cuentas y negociación), y todo apunta a que debieran ser revaloradas y resignificadas por la cultura escolar y sus actores, pero, en especial, por los liderazgos responsables de los proyectos institucionales de formación ciudadana.

Revisa el estudio en Revista Calidad en la Educación N°54

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